Chapter I

Paraguay & Brasil
Tengo que comenzar allá, en el lugar donde nací. Sucre, Bolivia, la capital, y no…La Paz es solamente donde se encuentran la mayoría de los edificios gubernamentales, la sede de gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia como Wikipedia y el mundo conoce a mi pais y que originalmente usaba el nombre (y aun hoy YO lo guardo como el oficial) de República de Bolivia. Punto.
Y como muchas veces, saliéndome de contexto. Sigamos.
Nací en Sucre, es ahi donde empecé a respirar ese aire noble que distingue a esta ciudad, y donde mi sangre en vez de ser roja oscura, comenzó a mostrar jaspeos violetas hasta volverse totalmente azul. Risas?
Por favor, no.
Fui criada por dos damas extremadamente educadas, porque se crea o no, existen personas “extremadamente” educadas, no solo por libros, textos, universidades o con grados de postgrado. Ellas fueron un poquito menos que reinas, ellas que tuvieron que escapar de su país para asentarse en la Francia de Sudamérica, y ahora búscalo (Google): Sucre, Bolivia ES la Francia de S.A. La “ciudad blanca de América” y muchos otros nombres relacionados a la arquitectura y sociedad de alta alcurnia adoptados directamente de Europa y que vivieron especialmente a principios de la República y que a pesar de cientos de años y de casi haber desparecido, los Sucrenses nos empecinamos en autodenominarnos con títulos nobiliarios fantasmas de reyes, reinas, ladies y lords. El resto del mundo son simplemente vasallos, súbditos, plebeyos y otros sinónimos de menos.
Volviendo a la realidad y dejando el delirio, continuo:
Pués ya que mi madre trabajaba como Gerente financiera de una de las mas grandes compañias de cerveza del pais y mi padre ocupado con finalizar la carrera de Medicina en la Universidad, alguien tenía que ocuparse de la pequeña consentida verdad?
Bien, ahi estaba yo, vestida como una muñeca, sin aprender a agarrar los cubiertos porque mis “abuelitas”como siempre aprendí a llamarlas y a quererlas, siempre me alimentaron hasta que cumplí 5 años. Ahi estaba yo, impecable, hablando perfecta y claramente, nunca pasé por esa fase de balbuceo o “hablar como bebé”, leyendo fluidamente y comportándome como una dama estirada y almidonada, lista para una exposición de Aunque Usted No Lo Crea. Era tal mi pulcro comportamiento que cualquiera que me hubiera visto pensaría que era la niña más infeliz del planeta. Mi seriedad y el verme comer con solo dos dedos por no ensuciarme, incluso resultaba incómoda.
Y fui la niña más bendecida. Nunca tuve que jugar con lodo o caminar descalza, o andar con la ropa sucia con gotas de jugo o restos de comida, nunca estuve por ahí despeinada o con un solo cabello en la cara, mucho menos una picadura de algun atrevido insecto, fui alimentada con los platillos mas confeccionados y complicados, siempre con un amor inmenso que ahora al solo escribir quiero llorar de agradecimiento. Me formaron en lo que soy ahora y yo asimismo a mis hijos…y no somos malas personas.
Luego nacieron mi primo y pronto mi hermana, y todo siguió exactamente igual, compartimos a mis abuelitas Julia y Ma. Luisa (Lucha) con sus 14 apellidos. Estoy casi segura que ellos no lo recuerdan tan vívidamente como yo, ellas que nos sentaban a los tres niños en línea en orden de edad, uno al lado del otro, quietos. Y una de ellas pasando las tres cucharas por la comida y llevándolas una a una a nuetras bocas hasta terminar nuestros platos, mientras nos cantaban o contaban un cuento. Luego de eso el jugo fresco recien hecho de banan o tumbo, ah! nuestro premio. Puedo sentir en el paladar y sentir el olor de esa fruta tan especial…y quiero llorar otra vez.
Recuerdo que en esos primeros 5 años de mi vida, realizábamos viajes largos y tediosos por tierra a Aiquile, donde mi papá era Director del hospital y a donde mi madre detestaba ir. Son esos recuerdos que se vuelven tristes y que una como niña disfraza y no da importancia, ya ahora con todo el conocimiento viene el entendimiento del porque de muchas cosas.
Y entre esos trajines hay otros viajes, ya de pequeña andaba montada en buses y aviones, en los que disfrutaba los paseos por el pasillo estrecho y yo con mis medias panty, el vestido y el pelo agarrado tan estirado que no dudo alguno pensaría que era una niña con ascendientes asiáticos. Un viaje en especial, a Santa Cruz, donde mis tias me tenían de distracción total, disfrazándome, maquillándome, peinando y despeinándome, hay una foto que no la encontré pero que muestra claramente el inicio de mi gusto por la moda, yo con mi típico vestido, un sombrero prestado de por ahí, un sweater abierto, yo sosteniendo flores y sobre todo el vestuario, un brassiere puntiagudo, de esos que usaba Madonna. Lo más destacado de la foto? la seriedad de esa niña, esa mirada tan decidida y tan directa a la cámara que al ver la toma uno pensaría,”porque está enojada?”. Aseguro ahora mismo que no era enojo, era felicidad, yo ahi parada y “disfrazada” no se de que, pero feliz, eso es lo que siempre quise ser y hacer. Crear, ser diferente, rara.
De vuelta en Sucre. Fui a la escuela, pre-kinder y kinder en colegios más que tradicionales. Gabriela la alumna excelente, la niña que no usaba la goma de borrar porque estaba prohibida de cometer errores y a la que se le hizo costumbre hacer la letra perfecta y la niña a la que no se le veía sonrisa porque en vez de estar persiguiendo niños y corriendo como cabra suelta, ella estaba ahi sentada con un libro o conversando con alguien mayor o haciendo tareas para los próximos 2 semestres. Llegaba a casa al amor de mis abuelitas y mi primo al que torturaba y con el que jugaba hasta cansarme. Adoraba echarle arena a la cabeza y luego el se recostaba en mi regazo y yo pacientemente le rascaba y limpiaba todo hasta que el se durmiera de tan relajado que estaba. Tambien le mentía diciéndole que me iba de la casa hasta hacerle llorar y luego lo abrazaba fuerte prometiéndole que nunca lo dejaría. Porque haría eso? simple. La mueca de su carita al querer llorar me fascinaba, me parecía tan tierno y dulce que solo lo lograba diciéndole algo triste…que lo iba a dejar.
Y ahora que lo pienso bien, hasta podría decir que actuaba diabólicamente, con maldad. Pero no es así, yo que sabía de hacer daño, si mi vida era hermosa, nunca vi a mis padres discutir, mis abuelitas me adoraban, tenía amigas en la escuela, los fines de semana siempre hacía algo como ir al cine o a los parques, tenía una hermanita hermosa (para la que voy a dedicar muchas lineas a continuación) y no me faltaba nada de nada.
En horas de la tarde, recuerdo que mis dos abuelitas se sentaban frente a la TV en blanco y negro donde uno tenia que ponerse de pie para mover la antena, cambiar de canal (a uno de los 2 canales existentes) o simplemente subir el volumen. Hora de ver la novela. Y sin nada de temores porque nosotros los niños quedemos afectados de por vida al ver semejantes tragedias nos sentaban al lado suyo, fueron esos los momentos donde aprendí todo ese lenguaje rebuscado para mi edad y tambien donde me cubría la cara cuando los actores estaban a punto de darse un beso en la boca.

Fue de un dia para el otro que veo a mi mamá preparando maletas, guardando todo, alistando a mi hermanita de 2 años y medio y a punto de subir a un taxi, que nos llevaría al aeropuerto, para luego abordar el avion que nos llevaría al encuentro de mi papá, que no tengo recuerdos del momento que se fue a Paraguay antes que nosotros con el objetivo de preparar todo para nuestra llegada.