Carta a Maria

Cuantas veces intenté empezar esta hoja. Finalmente me ganan las ansias de decir todo lo que siento…con respecto a ti: Y vuelvo atrás con mi imaginación con todas esa historias que tejieron en mi cabeza imágenes en las que apareces tú, una mujer llena de fuerza, física y de espíritu, aguardando con humildad y aceptación lo que te pone la vida en el camino.
No soy ni la mitad de tu grandeza, tuviste, pudiste y supiste criar a cinco hijos la mayor parte del tiempo, sola. Y mereces ser tema de muchas canciones y poesías en las que como historia de valor te viéramos a pie por lugares donde las casas se separan por decenas de metros y tu ahí cargando en tu espalda mercadería para vender a quien ofrezca abrirte sus puertas, y fueras tu muy bendecida si te ofrecieran un vaso con agua.
Otro dia mas y ahi vas tú con tus pocas monedas volviendo a casa encaramada en camiones llenos de animales.
Hermosa mujer aquella que vuelve cansada, sucia y casi con el mismo peso que llevó al partir. Hermosa porque llegas con tu sonrisa y mayor disposicion de acariciar a tus pequeños y darles de comer, bañarlos, peinarlos y aun tienes la energia para preparate y salir el próximo dia.
Lloras? las pocas veces que tuve la dicha de estar cerca tuyo, vi lagrimas en tus ojos, talvez antiguas pero si sabemos que lloraste mucho…dolor es lo que mas conoces, tristeza es lo que mas te acecha…y aun lloras porque tu llanto es escuchado allá arriba de donde nos llegan las respuestas a tus innumerables plegarias.
Todo el mundo clasifica a su madre, abuelita, esposa, etc como la mejor del universo. Yo escribo esto como alguien que te vió de lejos, que quizo extrañarte, que no encontró tus brazos o tu olor o el sabor inconfundible de tu comida. Escribo como una persona ajena y a la vez que es parte de tu propia carne. Escribo y dejo para siempre dicho que si creyera en santos tu eres lo mas cerca al amor de Dios.
Mujer sensible, abnegada sin discusión, cariñosa y siempre ahi…para todos. Si alguien piensa lo contrario pues que se levante y describa como nunca negaste ayuda o un plato de comida o simplemente tu oido, escuchando desgracias y alegrías de amigos y de aquellos solamente conocidos.
Ahora ya no puedo verte por la distancia y dudo que puedas leer esto por ti sola, alguien mas lo hará y espero que pause y entone en las partes que necesito las escuches bien.
Dibujo tus manos ajadas no solo por el tiempo sino por el exagerado trabajo, manos que lo dicen todo, manos que amasaron pan, fregaron ropa…estoy segura propia y ajena, manos que cargaron, cocinaron, limpiaron y según cuentan propios y extraños, acomodaron vestidos hermosos en sus hijas y peinaron y ataron moños de los mas finos en sus cabellos.
Tambien dibujo tus ojos, que como dije siempre con lagrimas retenidas muestran una bondad indescriptible, mi lapiz no encuentra la magia adecuada para plasmar tu mirada que a pesar de tanto sufrimiento y muchas veces desprecio que recibiste de varios que no merecen ser mencionados; a pesar de aquellos, muestran la grandeza de tu alma.
Ahora puedo verte en mi madre, en mis tios, mis primos, sobrinos y en mis propios hijos. Puedo ver el fruto de tus largas caminatas, de tus grandes esfuerzos por sacar a tu familia lejos del pequeño pueblo sin oportunidades, veo el orgullo que te podemos hacer sentir, sea insignificante o inmenso.
Abuelita de mi corazón, nuestra mas grande fuente de unión, el pilar de tu casa. Eres tu el centro de nuestras vidas y aunque no decimos nada…ahi estás tu, la cabeza. Por ti sabemos todos, lo que es la honestidad, la humildad, el valor, dignidad, serenidad, paciencia y todos lo valores que llevamos y volvemos a enseñar a los que vienen.
Tu nombre tan simple y común que puede no decir nada. MARIA. Abuelita de mi alma. Estoy y soy gracias a ti. Abuelita de mi alma. Como quiero abrazarte!

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